Para este Reservado, la animadora elige la cafetería y pastelería Mozart, a causa de su gran devoción por kúchenes, tortas, berlines, galletas y todo lo que tenga que ver con la hora del té.
Amante de los platos sencillos y abundantes, mas aún en estos días que se especula de su futuro en la pantalla, cuenta cómo la cocina fue punto de reunión para las mujeres de su familia y qué fue lo que la llevó a crear una pequeña huerta en su hogar.
“¡Me encanta tomar té!”, exclama Tonka Tomicic cuando le preguntamos por qué eligió la cafetería y pastelería Mozart de Luis Pasteur para este Reservado. Sentada en un rincón del luminoso salón, cuenta que para ella, la hora del té le trae gratos recuerdos de infancia pues todos los días, apenas llegaba del colegio, la esperaba una taza de leche con una “puntita” de café, pan tostado con mantequilla y mermelada, de mora o de damasco, preparada por su abuelita. Si bien reconoce que hoy en día no mantiene esa rutina, trata de escaparse cada vez que puede a esta cafetería para disfrutar de sus delicias. “Por horario, es una hora en la que me toca trabajar y nunca regalarme ese tiempo, pero siempre tengo el deseo de venir a tomar once. El concepto de sentarse, darse un minuto, tomar un café helado, un té con leche o lo que sea, me encanta”, afirma la animadora.
Se asume como una tentada con todo lo que sea dulce. Después de almuerzo le “vienen los deseos” de comerse un chocolate, un pastel, una torta, por eso no es de extrañar que visite habitualmente este lugar. Afirma ser fanática de todas sus tortas, pero que la de merengue lúcuma y la de frambuesa son su perdición. Es por esto que a la hora de ordenar se debate entre estas dos. Finalmente se decide por la de lúcuma y la acompaña de un gigantesco café helado. “Es tan rico y me trae tan buenos recuerdos” declara añorando. Tomicic cuenta que cuando le iba bien en el colegio, su madre la premiaba llevándola al Coppelia de Providencia a tomarse una copa de helado. “Era un clásico”, afirma mientras da un gran sorbo al café helado, sin crema.
Durante su infancia, vivió en una casa en la comuna de La Florida. En el jardín, un gran damasco proveía la fruta para la célebre mermelada que preparaba su “Nona”. “También hacía de la mora que pasaban vendiendo en la calle. En ese tiempo, y no fue hace mucho-ríe- era todo como bien campo todavía, por lo menos en el sector donde yo vivía. Pasaba un señor en una carreta vendiendo las marraquetas y el lechero pasaba en bicicleta llevando los cántaros de leche. Tú salías con las botellas de vidrio a comprarla. ¡Imagínate!”, cuenta con asombro. A Tonka le encanta la leche. “Soy absolutamente lechera, pero lo he ido dejando, porque leí que los lácteos a cierta edad ya no son tan beneficiosos”. Sin embargo durante su niñez era “seca” para el té no así para la leche. “Cuando iba a la casa de mis amigas, me daban té puro y no leche. Eso me llamaba mucho la atención”. De la casa de sus compañeras también le extrañaba que el arroz fuera blanco, ya que en su casa su “Nona” lo cocinaba con curry. “Para mí el arroz era amarillo. Eso me quedó muy marcado. Hasta el día de hoy mi arroz lleva curry”, cuenta.
Durante su infancia, la cocina era punto de reunión en su hogar. “Mi Nona era la que cocinaba, junto con mi mamá. Mi hermana y yo las ayudábamos. Se cocinaba mucho, sobre todo para los cumpleaños. Preparábamos unos dulces croatas que son una especie de calzones rotos, pero más delgaditos, unas bolitas de masa fritas con pasas, unas galletas de miel. Todo esto para los cumpleaños, navidades y años nuevos. Eran ocasiones especiales en que todas las mujeres de la casa trabajábamos para sacar esos dulces. Para los cumpleaños, también hacíamos las naranjas rellenas con gelatina.. Ahora las tortas, las compro en el Mozart de Pedro de Valdivia. Siempre, son deliciosas”, recalca.
La cocina familiar ha marcado fuertemente los gustos de Tomicic. “A mí no me gustan los platos pequeños y sofisticados que se usan ahora. Me gusta un buen plato de comida tradicional. No me puedo resistir al poroto granado con mazamorra, la ensalada chilena, la marraqueta calientita con pebre. Todo casero. No hay como la comida casera que viene con el ingrediente del corazón. Además los implementos con los que cocinan en tu casa le dan un sabor especial a las comidas. Mi Nona tenía una olla vieja, vieja que por fuera estaba toda negra en la que hacía unas papas fritas únicas. Son esas cosas las que le dan un sabor único y distinto a las comidas. Esos son los sabores que te quedan y es muy difícil que uno los pueda repetir, porque no sólo son los ingredientes, sino que el lugar en donde se preparan las cosas”.Es por esto que sueña con tener una cocina a leña que esté prendida todo el día, con la tetera hirviendo sin parar y que el paño de cocina esté siempre caliente. “Fui al sur y había una de estas cocinas. Día y noche había olor a azúcar y a comida, siempre cocinando. Ahí sientes que hay vida, que es el corazón del hogar. Te sientes tan acogido. Es una cosa tan maternal”, reflexiona mientras pide que le rellenen su copa de café helado.
Es por esto que no es de itinerar por muchos restaurantes. Aunque ahora último ha probado algunos que la cautivaron. “El Majestic de comida hindú es muy rico. El Amiir Issa, también es de sabores bien intensos. En el Da Carla se como muy rico. Hace poco fui a La Mar. De ahí recomiendo los picarones de postre ¡Un manjar! Se deshacen en la boca”, dice con entusiasmo.
Hace algún tiempo, la animadora le encontró el gusto a las verduras orgánicas. “Tengo una caserita, la Carolita, que me lleva todas las semanas a la casa el pedido. He aprendido a comer las frutas y verduras en su temporada. Estamos acostumbrados a comer todo el año lo que queramos y la verdad no es así. No hay como tomar un tomate, olerlo y sentir ese aroma a tomate de verdad, fresco, jugoso y sabroso”, recalca. De ahí le nació la curiosidad y ha plantado diversos productos en su casa. “Tengo un espacio chiquitito donde planté zapallos italianos, lechugas. Este año planté dos papas y coseché ¡doce! Todo ese proceso es mágico, cómo la tierra es tan fecunda. Mi sueño es tener una “huerta linda, grande y saber de huertos”. Sabe que es una tarea ardua, pero que el regalo que le entrega la tierra, sus frutos son lo mejor que uno puede darle a comer a la gente que uno quiere. “hay cosas que ni te imaginas y son muy ricas. Por ejemplo, la flor del zapallo, la apanas y te la comes. Son bien ricas”.
Tomicic confidencia que prefiere que le cocinen a cocinar ella. “El olor me satura un poco”. Sin embargo, ha ido probando algunas preparaciones. Hace poco hice pastel de choclo. En mi casa hay gente vegetariana, así que lo hice con carne de soya. Me quedó bien bueno”, dice convencida. “Me encanta hacer el pavo para la navidad. Inyectarlo harto y esa incertidumbre de no saber cuándo sacarlo del horno. Lo acompaño de puré con ciboulette o con puré de camote que ¡me encanta! No hay como meter la papa camote al horno y después abrirla y comérsela. Casi todas las verduras al horno quedan deliciosas”, afirma.
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