Pequeño es Olán, un restaurante peruano instalado en calle Seminario casi esquina Rancagua.
Pequeño pero bien armado, con algunas mesas fuera y mozos bastante avispados. La carta, peruanísima, permite comer tanto barato como más caro, lo que se agradece en estas semanas previas a marzo (con la pesadilla del precio de los textos escolares y del permiso de circulación, ¿no?).
Y para comenzar un plato que se publicita para dos, pero que da para tres. O para partir con él y luego terminar con el postre. Es una gran presentación que trae un cóctel de camarones y palta, una porción de chicharrón de pescado, otra de chicharrón de calamar, un tanto de pulpo al olivo y otro tanto de cebiche mixto. Todo por $9.000. Luego, si la idea es ser más feliz aún, un ají de gallina ($3.000) o un lomo salteado, con su cebolla y tomate ($3.500) o un muy ajengibrado arroz chaufa de mariscos ($3.900), imposible de no ser comido por completo. Y de todo esto, nada que decir aparte del plato vacío. Lo mismo con un pescado a lo macho, reineta en este caso, que llegó con su salsa de mariscos y en el punto de cocción pedido. Bravo.
Y si bien el pisco sour no fue un muy buen punto de partida (le faltó dulzor y oleosidad), el suspiro limeño ($1.400), con una capa de betún casi al estilo peluca de María Antonieta, fue un final de lujo.
Fue esta gran comilona bañada con Inka Cola light, que no desmerece nada ante la que engorda. Y algún poco de hambre que quedaba fue alimentado con una porción de yuca frita ($2.000). Algunos vinos más en la carta mejorarían el total, que ya es bueno como está.
Truco: Puede buscar por tan solo un trozo de texto, por ejemplo: kura basta para buscar el restaurante "Sakura"o pancho sirve para buscar el restaurante "A Pinch of Pancho". El sistema distingue entre palabras con acentos.